Por: Recidar
En el Perú vivimos constantemente en un efecto dominó, donde por no resolver el problema principal miles de familias se ven afectadas en su cotidianidad. En este tercer trimestre de 2026 hemos podido presenciar esto una vez más, el fenómeno de El Niño y el paso de la DANA Bertha nos dieron una demostración de lo poco preparados que estamos, dejando en claro que todavía no contamos con soluciones sostenibles en el tiempo ante este tipo de crisis.
Ese primer eslabón del dominó ya lo estamos sintiendo. Las lluvias intensas provocaron inundaciones en distritos de Lima Sur como Chorrillos, Villa El Salvador, Villa María del Triunfo y San Juan de Miraflores, donde el agua, el desborde del desagüe y el lodo dañaron techos y viviendas. Según CAPECO, en declaraciones difundidas por Buenos Días Perú, alrededor de medio millón de viviendas se encuentran en riesgo, principalmente aquellas ubicadas en zonas vulnerables como las faldas de los cerros (Infobae, 2026). Estos datos evidencian la magnitud del riesgo y la necesidad de estar preparados para las temporadas más intensas, de acuerdo con el Instituto Nacional de Defensa Civil (Indeci), más de 1,2 millones de personas en el Perú podrían verse afectadas por los efectos del fenómeno de El Niño, cuyo impacto se prevé con mayor intensidad entre noviembre de 2026 y marzo de 2027 (El Comercio, 2026).
Los resultados de estos cambios cambios climaticos generaron huaicos y deslizamientos que bloquearon tramos de la Panamericana Sur, encareciendo productos de la canasta básica como el tomate, el ají amarillo, el choclo y el zapallo, De acuerdo con Infobae (2026), algunos alimentos básicos registraron aumentos de entre S/1 y S/2 por kilo o unidad, lo que representa un incremento promedio aproximado de S/1,50 entre los productos analizados. Mientras el alza de combustible es impulsada por el encarecimiento internacional, la falta de abastecimiento y la disparidad de precios, de acuerdo con Infobae señala que los conductores calculan sobrecostos de entre S/50 y S/150 en sus gastos semanales, quincenales y mensuales (Infobae, 2026).
Y así se completa el efecto dominó, la familia que ve afectada su hogar debe usar sus ahorros para repararlo, la que ya ajustaba su presupuesto ahora compra media kilo de tomate en lugar de un kilo, y el padre de familia que maneja taxi para sostener su hogar ve cómo la gasolina se come una parte cada vez mayor de sus ingresos. Un solo fenómeno climático termina golpeando, al mismo tiempo, la vivienda, la alimentación y el transporte de las familias con menos recursos, justo cuando su capacidad de ahorro es más frágil.
Frente a estas consecuencias dominó, en Recidar buscamos poner en su justo valor a los mercados de segunda mano, entendiéndose como una oportunidad real de generar impacto social, ambiental y económico a través de la reutilización. A nivel mundial, estos mercados han demostrado responder como un termómetro económico ante las crisis.
No es la primera vez que esto ocurre. Durante la crisis económica de España de 2008 “perjudicó gravemente a los ingresos de la población española y a la tasa de ahorro de los hogares, la cual disminuyó de un 13,4% en el año 2009 hasta el 8,2% en 2012” (Statista, 2020a), el comercio minorista de segunda mano experimentó un crecimiento significativo, pasando de resultados medios inferiores a 10 mil euros en 2008 a más de 30 mil euros en 2011 (Sanz, 2021). Asimismo, en 2010, 13,5 millones de españoles acudían en busca de productos usados, lo que representaba el 38,2% de la población adulta de España (El Economista, 2011). La crisis española demuestra algo que hoy es igual de relevante para el Perú, cuando el ingreso familiar se ve golpeado, los mercados de segunda mano se activan como un soporte real para la economía de los hogares, no solo como una tendencia de consumo.
Es por ello que nuestros bazares Ecosociales son, en ese sentido, la pieza que convierte esta ayuda en una solución sostenible en el tiempo, ya que no se trata de un apoyo puntual, sino de una fuente de objetos accesibles disponible mes tras mes, algo especialmente valioso en situaciones donde las problemáticas no golpean una sola vez, sino que siguen afectando en distintos momentos del año. Para las empresas y familias, sumarse a este modelo donando inventario, mobiliario o bienes en desuso es una forma directa y medible de generar impacto en las comunidades que hoy más lo necesitan, y de demostrar que en el Perú sí es posible construir soluciones sostenibles en el tiempo.





